El punto continuo
El punto según Kandinsky: un blog que ni Kandinsky entendería (y eso está bien)
Kandinsky comparaba el punto con un latido: existe, pero si lo diseccionas, se esfuma. Así es este blog: un espacio continuo que solo cobra vida cuando tú lo lees. ¿La meta? Cero algoritmos, cero verdades absolutas. Solo conexiones entre ese momento incómodo en una expo (¿es arte o un error de instalación?) y la serie de Netflix que todos vimos pero nadie entendió. Spoiler: aquí no hay respuestas, solo preguntas que pican.
¿Por qué el punto? Porque es el emoji definitivo del arte contemporáneo: algo simple que encierra caos. Como cuando un meme de perros filósofos (@doggosfilosoficos) te hace cuestionar si el capitalismo es solo un mal render 3D. Aquí no encontrarás análisis académicos (nada de «solo expertos pueden opinar»), sino paralelos entre el urinario de Duchamp y ese NFT de un plátano que tu tío compartió «pa’ que veas lo moderno». Ambos son la misma pregunta con diferente ropaje: ¿quién decide qué es arte?
Tristan Tzara lo dijo mejor: “Hablo siempre de mí porque no quiero convencer”. Este blog es mi zona de desahogue público, donde el vaporwave resucita el aura de Benjamin y los museos son influencers con filtro sepia. ¿La mejor parte? —seamos honestos— ¿alguien sabe realmente qué está pasando en el arte hoy?


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